Lo que quiere AMLO es encarcelar a Carlos Salinas


Los objetivos principales son Enrique Peña Nieto y, sobre todo, Salinas de Gortari, el jefe de jefes.

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Agosto 21, 2019 16:17 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
Alvaro Delgado / EL HERALDO › Emmanuel Ameth Noticias

En enero de 2003, cuando Carlos Ahumada Kurtz planeaba abrir el periódico El Independiente, le pregunté a Andrés Manuel López Obrador, jefe de Gobierno de la capital del país, qué sabía y qué opinaba de ese personaje que varios perredistas describían como empresario progresista.

—No es de fiar. Ganó la licitación para los segundos pisos pero, por decisión mía, él no va a hacer la obra.

Me dijo que esa decisión había enfurecido a Ahumada, quien había obnubilado a varios perredistas y que ya estaban bajo investigación algunos de sus negocios de su Grupo Quart en las entonces delegaciones políticas.

Supe por primera vez de Ahumada, a finales del 2000, en las elecciones de gobernador de Tabasco, cuyo candidato perredista, César Raúl Ojeda Zubieta, era su amigo y a quien financiaba. No lo vi, pero supe de al menos una reunión en una suite del hotel Hyatt de Villahermosa, cuando la presidenta del PRD era Amalia García.

’Es un empresario progresista’, me dijo un dirigente tabasqueño del equipo del también empresario Ojeda Zubieta, a su vez amigo de López Obrador, y quien, junto con Lázaro Cárdenas Batel, le abrió a Ahumada las puertas al PRD, a René Bejarano y a Rosario Robles, los personajes clave de la corrupción que derivó en los videos, en marzo de 2004.

El ’misil nuclear’ que Ahumada lanzó contra López Obrador —el término lo utilizó el empresario, según Fidel Castro, cuando fue detenido en Cuba— influyó en el desenlace de la elección de 2006, como se ufana en su libro Derecho de réplica, editado en 2009.

En el libro queda claro que Carlos Salinas de Gortari fue el articulador del ’complot’, como López Obrador definió a la difusión de los videos de su secretario de Finanzas, Gustavo Ponce, jugando en Las Vegas, y de Bejarano, su ex secretario particular, recibiendo fajos de billetes.

Detalló: ’La manera de dar a conocer los videoescándalos fue de Carlos Salinas. Me planteó la estrategia, junto con Diego Fernández de Cevallos. Fui testigo de conversaciones telefónicas que sostuvieron con Santiago Creel, entonces secretario de Gobernación, y Ramón Martín Huerta, subsecretario de Gobierno de esa misma dependencia’.

Salinas siempre ha callado al respecto y cuando, en septiembre de 2005, Denisse Maerker le pregunto al respecto, se escabulló:

—Carlos Ahumada.

—Política ficción.

—Nada más dígame, ¿lo conoció?

—Complot, política ficción.

Pero las cosas han cambiado para Salinas: está presa Rosario Robles, a quien él le cruzó la banda presidencial para manipularla; está en la cárcel Juan Collado, su abogado, y Ahumada sigue teniendo cuentas pendientes en México.

Pero ellos no son el objetivo principal de López Obrador. Es Enrique Peña Nieto y, sobre todo, Salinas de Gortari, el jefe de jefes.

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