Elvira Hernández


El verdadero rostro de la UAEH

El verdadero rostro de la UAEH




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Marzo 03, 2019 22:50 hrs.
Educación Estados › México Hidalgo
Elvira Hernández › Emmanuel Ameth Noticias

Mi universidad… es cada amanecer entre nubes bellas y airosas, justo a la hora en que abre sus puertas para llenar sus pasillos de voces, murmullos y hasta bostezos. Ganas de aprender y ganas de enseñar. Se escuchan esos suspiros de alivio cuando don Checador delata nuestra puntualidad gozosa. Resuenan buenos días por doquier, plumines se empiezan a deslizar por sus blancos pizarrones, cañones disparan presentaciones llenas de sabiduría y lapiceros trazan jeroglíficos en los cuadernos para que cada apunte los despierte por completo.

Cada salón se ilumina con voces que solo saben confabular con la ciencia, aliarse con los análisis y hacer pactos de ideologías coloridas, convicciones arriesgadas e imaginaciones desbordadas. Hay debates bien argumentados y datos siempre confirmados, experimentos para no dejarse llevar por rumores, hipótesis para no descartar ninguna variable e invariable.

Mi universidad no tiene un solo rostro, por eso comparte todos los espejos para provocar remolinos de ideas que jamás coincidirán, pero que siempre se respetarán. Todos los días se pasa lista para confirmar las miradas comprometidas en orden alfabético y para poner asistencia a cada latido que se compromete a estudiar.

Tanta juventud la tiene que robustecer minuto a minuto y tanto saber le recuerdan la importancia de mostrarse siempre humilde, aunque jamás sumisa. 150 años de experiencia le permiten dominar todas las ciencias y pasear orgullosa por todos los campos académicos. Nuestras investigaciones explican tantos fenómenos y denuncian toda injusticia. Por eso, cada resultado es publicado en libros con sello garza, en conferencias airosas, en bellos programas de radio.

Mi universidad me abrió sus puertas cuando llegué solamente armada de conocimientos, de ganas de compartir, del compromiso de analizar. He aprendido de ella y ella se ha dejado seducir por mi feminismo abnegado. Ha dado voz a mujeres como yo, que creemos en la utopía de la equidad de género. Nunca me ha pedido guardar silencio, brinda todos los micrófonos y es así como me han llegado a escuchar por todo el país y un poquito más allá.

De lunes a viernes, gracias a mi universidad, se abren libros para comprender y para explicar, se hacen notas para transformar y para denunciar, para definir la sororidad y sentirla, para analizar los feminicidios y denunciarlos, para conceptualizar nuevas categorías, para llenar los pizarrones de esquemas y fórmulas, de sumas y restas, del abc del honor, de la raíz de la lealtad.

Mi universidad ha cumplido 150 años, entre remolinos y tormentas, entre soles y lunas, verdades y afonías, palabras y discursos. Gracias a ella he publicado libros, doy conferencias por todo el país, tengo amistades adorables y hasta enfrenté a dos villanas que me hicieron más fuerte. Mi universidad no es un nombre, no es un rostro, no es un hecho ni un señalamiento. Mi universidad es cada alumno y alumna convertidos en profesionistas. Es un compromiso eterno con el amor que me inspira, el progreso que deseo y el orden que desordeno para seguir agradeciendo su existencia. Gracias Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, mi universidad.

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