La Hoguera

Emmanuel Ameth


El día que AMLO humilló a Omar Fayad

El día que AMLO humilló a Omar Fayad




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Octubre 16, 2018 02:06 hrs.
Política Nacional › México Hidalgo
Emmanuel Ameth › Emmanuel Ameth Noticias

Las señales están allí y deben leerse tal como sucedieron. El pasado 30 de septiembre el presidente electo de México Andrés Manuel López Obrador (AMLO) visitó Hidalgo en su gira de agradecimiento por el país y se reunió con el gobernador Omar Fayad Meneses; pero no fue una visita de cortesía, hubo una orden del tabasqueño hacia el hidalguense que este obedeció a regañadientes. Fue cordial, con tacto, pero tajante al ofrecer con una mano amnistía y con la otra garrote.

El acuerdo político, nos dicen las señales, fue claro. Fayad debía ordenar a su subordinada, María Luisa Pérez, autonombrada como presidente de la Junta de Gobierno al margen de la Ley que ella misma se encargó de reformar -mal, por cierto-, renunciar a su necedad -o encomienda- de sostener un control sobre el Poder Legislativo.

A cambio, el presidente electo ’perdonaría’ los berrinches y pataletas del mandatario hidalguense reflejadas en campaña con la intención de construir un puente que dejara atrás la contienda electoral y colocara a ambos en una posición de colaboración institucional.

’No te corro -mediante la próxima Ley de revocación de mandato- pero así como respeto a quienes te eligieron -que en este momento quién sabe si lo volvieran a hacer pese a llevar apenas dos años de gestión- , tú respetarás a las demás esferas de gobierno, no te entrometerás’, habría sentenciado AMLO.

Fayad pidió garantías y AMLO habría contestado con sus máximas: ’No robarás, no mentirás y no traicionarás al pueblo’, agregando a esta última palabra de la frase ’ni tampoco traicionarás a quienes acuerden contigo’.

El gobernador de Hidalgo aceptó sin demora, sabedor de que hay muchas formas de tirarlo como mandatario, algunas de las cuales rondaron su cabeza durante ese corto instante: auditorías, revocación de mandato, desgaste, juicios políticos…

Así, pese a que en Plaza Juárez, justo en la guarida donde el mandatario hidalguense se sentiría más seguro -porque su partido no es más comparsa de sus abusos ni es él ya santo de su devoción- la multitud allí congregada escupía en su cara coreando ’¡Fuera Fayad, fuera Fayad!’ a lo que AMLO salió en su defensa, desencadenando esta acción una impotencia sumisa que decidió el destino de la Junta de Gobierno del Poder Legislativo local.

Para rescatar algo de dignidad y que su actitud no se tomara condescendiente, servil y hasta sometida, Fayad estiró al máximo el plazo del ’ultimátum’ para hacer cumplir el acuerdo: se tomó quince días para obedecer la consigna, si bien no pasaron de dos en los que dio la orden.

Las imágenes no mienten y entre las palabras que las describieron se vio la derrota de Fayad reflejada en una expresión de tristeza y resignación, la impotencia de su subordinado consentido con un rostro desencajado por el odio… la victoria de AMLO saboreada debajo de una sonrisa silenciosa que levantaba la mano para saludar a medios y simpatizantes.

’A tragar mierda sin hacer gestos’ se repetía Fayad mientras hacía cálculos estériles en su imaginación sobre cómo capotear la situación y mantener latente su ambición de llegar más allá de las aspiraciones de un cacique local, rebasado incluso, por la fama de su cónyuge.

Ese día Fayad regresó a la realidad, bajó de la nube en la cual se sentía intocable, incluso se reconoció a sí mismo cual niño jugando a la pelota en un terreno dominado por adultos; pero no lo compartió a nadie, celosamente lo guardó para sí… en la soledad, el vino más costoso de su cava le supo a un líquido amargo que resistía a terminarse.

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