Erick Augusto Vargas Noria


Del 68 a Ayotzinapa; 50 años de historia y lucha

Del 68 a Ayotzinapa; 50 años de historia y lucha




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Octubre 07, 2018 23:23 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
Erick Augusto Vargas Noria › Emmanuel Ameth Noticias

El pasado 26 y 27 de septiembre se cumplieron cuatro años del asesinato de más de seis personas y de la desaparición forzada de 43 jóvenes de la Escuela Normal Rural, Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa. Asimismo, este 2 de octubre se conmemoró el cincuenta aniversario del movimiento estudiantil de 1968 que, a la par, ambos acontecimientos constituyen un parteaguas en la historia contemporánea de México.

El desenlace que tuvo cada uno de estos hechos sigue planteando interrogantes, y es que a pesar de los años transcurridos persiste un sinnúmero de hipótesis, de verdades a medias y de vacíos que no terminan de llenarse. Por otro lado, perdura un sentimiento generalizado de injusticia que interpela de manera directa al gobierno mexicano y a su sistema político, que cuestiona a los medios de comunicación, a los empresarios, a lo ciudadanos y a la sociedad en su conjunto. Porque, en definitiva, Tlatelolco y Ayotzinapa representan dos de las grandes deudas que tenemos con la historia y con los miles y miles de desaparecidos que hay en nuestro país.

El propósito de estas líneas es subrayar algunas de las principales analogías que existen entre el movimiento estudiantil de 1968 y los hechos ocurridos en Iguala, Guerrero. Mi tesis es que ambos procesos ya históricos revelaron un gran potencial como catalizadores de cambios sociales.

No puedo dejar de señalar las recientes movilizaciones ocurridas en las inmediaciones de Ciudad Universitaria, a raíz de la crisis de inseguridad y acoso que sufren los estudiantes de los planteles de la UNAM (y de otras instituciones). Sus demandas buscan una pronta solución por parte del gobierno y las autoridades, tal y como se demandaba en 1968, en 1971, en el 2012, en el 2014 y ahora en el 2018.

Iniciamos nuestra analogía con una de las características más evidentes.

I. Régimen político
El régimen autoritario ha sido una de las improntas más características de la forma de gobernar y hacer política en nuestro país, de manera muy particular podrían señalarse los gobiernos emanados del PRI. Por ello, no es casual que, en 1968, Gustavo Días Ordaz gobernara con mano dura y autoritarismo, y que 38 años después, Enrique Peña Nieto, siendo gobernador del Estado de México dejara en claro su talante represor, sofocando de manera brutal las protestas de la comunidad de San Salvador Atenco y posteriormente siendo presidente de la República, persiguiendo y reprendiendo toda protesta social. Las similitudes de estos dos presidentes, ambos de filiación priistas, dejaron constancia de su profunda intolerancia a la crítica, a los movimientos sociales y a los jóvenes.

II. Medios de comunicación al servicio del Estado
Durante la noche y madrugada del 2 de octubre existía una gran expectativa sobre el número de personas desaparecidas y asesinadas durante la masacre perpetrada en la Plaza de las Tres Culturas. En aquel entonces casi todos los medios, daban cuenta y asumían como “verdad” oficial el reporte del gobierno: 26 muertos, mil 43 personas detenidas y 100 heridos. Llama la atención que los diarios nacionales se enfocaron en señalar que entre los heridos se encontraba muy grave el general Hernández Toledo y 12 militares más, sin dar mayores detalles de los civiles afectados. Incluso periódicos como El Universal sentenciaban en su encabezado: “Tlatelolco: campo de batalla”, y en uno de sus balazos izquierdos decía: “Durante Varias Horas Terroristas y Soldados Sostuvieron Rudo Combate”, es decir, equiparaban a los estudiantes como terroristas y a los soldados como defensores del orden. En aquellas décadas la única posibilidad de contar con información más apegada a la realidad provenía de los medios extranjeros, en los cuales el gobierno mexicano no podía tener injerencia.

Cuarenta y seis años después empresas como Televisa, Tv Azteca y nuevamente El Universal, difundían contenido sesgado sobre las protestas por Ayotzinapa, para muestra un botón. En la marcha multitudinaria llevada a cabo el 20 de noviembre del 2014, El Universal reportaba: “Manchan violentos protesta global por los 43 de Ayotzinapa”, en contraste la prensa internacional y diarios como La Jornada reportaban: “Fueron pacíficas la mayoría de las marchas”. El tratamiento que dio la prensa siempre tuvo como componente principal matizar las acciones del gobierno. Fue la sociedad civil organizada, la prensa extranjera, los trabajadores, los obreros, los maestros, los estudiantes, los jóvenes, las mujeres y gran parte del pueblo los que salieron a demoler y desmentir cada palabra pronunciada por estos gobiernos.

III. Desaparición forzada como dispositivo de terror
Uno de los hechos más atroces que entrelazan la historia del 2 de octubre con la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre del 2014, es la desaparición forzada. Según la Organización de las Naciones Unidas, la desaparición forzada es una táctica de terror. (…) En América Latina dichas tácticas han sido tradicionalmente parte de la estrategia en contra de los llamados grupos subversivos o terroristas. (Constituye) una estrategia utilizada por las fuerzas armadas y las Fuerzas de Seguridad que actúan con la cooperación, la tolerancia, o la aquiescencia del Estado.

Este paralelismo de nuestra historia es probablemente el más sensible y doloroso para el pueblo mexicano. La frase “Fue el Estado” que aparece reiteradamente en muros, mantas, pintas, carteles, consignas y redes sociales es la sentencia más clara y contundente que hace la sociedad mexicana hacia quienes identifica como los responsables directos de las matanzas y desapariciones, es decir: el Estado mexicano.

No queda duda del uso excesivo de la fuerza por parte del Estado, tampoco hay lugar a duda de las graves violaciones a los derechos humanos e incluso de la perpetración de crímenes de lesa humanidad en donde también existen responsabilidades por acción u omisión del Estado. De hecho, una de las principales demandas de las víctimas de la violencia, es que el Estado mexicano reconozca su responsabilidad en los hechos. En este sentido, el gobierno de Peña Nieto siempre fue omiso al grado de que organismos internacionales como Human Right Watch, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Amnistía Internacional y la propia ONU condenaran la inacción gubernamental.

IV. Convocatorias estudiantiles masivas
El 13 de agosto de 1968, se realizó la primera manifestación estudiantil que partió del Casco de Santo Tomás al Zócalo capitalino, en esta marcha se calcula que participaron cerca de 150 mil personas, para el 13 de septiembre, es decir, un mes después ya se reportaban 250 mil personas marchando en completo silencio a lo largo del Paseo de la Reforma. Cada vez se incrementaba más el número de manifestantes.

En el caso de las marchas por los normalistas desaparecidos sucedió algo similar, pues las convocatorias de septiembre a diciembre también se contabilizaron por miles, y no sólo en México sino en todo el mundo. En este caso, las redes sociales jugaron papel fundamental en la detonación de las protestas, siendo en muchos casos el mecanismo de información más directo entre la sociedad mexicana y el mundo. Los lazos de solidaridad de la juventud con ambos acontecimientos son patentes y siguen ampliamente vigentes.

Tanto en el 1968 como en el 2014, los estudiantes mostraron un amplio poder de organización y convocatoria. No es posible entender estos movimientos sin las asambleas, sin los mítines, sin las brigadas informativas, sin el volanteo mano a mano, sin la información de boca en boca, pero, sobre todo, sin la voluntad, empeño y entusiasmo de cada persona. El ímpetu y arrojo de estas generaciones contiene una alta dosis de transformación y cambio. Este último aspecto nos lleva a nuestra reflexión final.

V. La utopía y la fiesta colectiva
Eduardo Galeano decía: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”...

La posibilidad de que un pueblo pueda compartir la esperanza, la alegría, los sueños y anhelos de un mundo mejor es con toda seguridad la chispa que enciende la solidaridad, la fraternidad y la unión para emprender cambios.

A través de los años los jóvenes nos han enseñado que es posible mirarse a los ojos y reconocerse como iguales, relacionarse y entenderse como actores colectivos y como parte de una misma lucha. Si algo podemos aprender de Tlateloco y Ayotzinapa es precisamente eso, que se trata de dos historias que no terminan, que son reiterativas, que están presentes y que se encuentran en diálogo permanente con el pasado y el presente.

Re-pensar estos dos acontecimientos es revivir no sólo la sangre y lagrimas derramadas, es también la oportunidad de generar trasnformaciones, la posibilidad de reencontrarnos con el otro y con los otros, de compartir un sentido de comunidad, la posibilidad de estrachar lazos amistad, de alegría, de festejar lo alcanzado y de no dejar de luchar por lo que falta. Porque nos falta mucho, porque nos siguen faltando 43 jóvenes, y miles de mexicanos más. Porque Ayotzi vive y vive, la lucha sigue y sigue…y Porque 2 de octubre no se olvida…

Erick Augusto Vargas Noria
Maestro en Comunicación y Política- UAM-Xoc
Posgrado en Análisis Político- UNAM- FCPyS
Licenciado en Política y Gestión Social-UAM-Xoc
Diplomado en Comunicación Política y Campañas Institucionales IIS-UNAM
Diplomado Planificación Participativa en Procesos de Cambios Estructurales CEPAL-ILPES, Santiago de Chile.
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