Suman cerca de 400 chilenos los que han querido mutilar de los ojos en protestas


Hasta el momento han dado a conocer cerca de 400 casos de víctimas en Chile que han perdido la vista a manos de la policía.

Suman cerca de 400 chilenos los que han querido mutilar de los ojos en protestas

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Diciembre 01, 2019 23:33 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
Andrea Guzman / VICE › Emmanuel Ameth Noticias

Sigue latente la represión que recibieron manifestantes chilenos desde que iniciaron las protestas aquel 18 de octubre, sumando cerca de 400 personas que sufrieron un traumatismo ocular severo por perdigones disparados por la policía.

Un viernes de este mes, un estudiante de psicología de 21 años llamado Gustavo Gatica decidió tomar fotos de una gran protesta en la Plaza Italia, históricamente el epicentro de las manifestaciones en Santiago,Chile. Desde que comenzaron las protestas en la zona, con una marcha de un millón de personas, todos los días volvían a acudir a la plaza para criticar la extrema desigualdad económica que provoca estragos en el país.

La asistencia de Gatica aquel viernes cambiaría el curso de su vida. Mientras estaba allí, fue atacado por las fuerzas policiales que, sin provocación, dispararon sus rifles de perdigones directamente a su rostro. Ese día, una imagen de Gatica sangrando por sus ojos mutilados apareció en las redes sociales y rápidamente recorrió el país. La gravedad de su caso se ha convertido en un emblema de la violencia policial descontrolada en Chile.

Gatica es uno de los 294 manifestantes en Chile que sufrieron un traumatismo ocular severo por perdigones y gases lacrimógenos disparados por la policía desde que comenzaron las protestas el 18 de octubre. Los numerosos casos de traumatismo ocular —ahora considerados una emergencia sin precedentes en la historia chilena— sugieren que la policía está violando el protocolo al disparar directamente a los rostros de las personas. La semana pasada, el director de la policía nacional, Mario Rozas, anunció que restringirían el uso de los perdigones después de que un estudio mostrara que contienen metales densos, incluido plomo. Sin embargo, se han reportado al menos 10 nuevos casos de trauma ocular desde entonces. La gente ha comenzado a asistir a las protestas con un ojo cubierto en solidaridad.

La historia de Gatica hace eco de los testimonios sobre violencia policial de otros manifestantes en la prensa local. Afirman que la policía, aparentemente exhausta y llena de ira, ha estallado contra la multitud varias veces sin previo aviso y ha disparado indiscriminadamente. Según el último reporte del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), ha habido 369 denuncias de tortura, 79 denuncias de abuso sexual, y 26 muertes, al menos seis directamente a manos de agentes de policía.

A principios de este mes, Amnistía Internacional publicó un reporte detallado que denunciaba la violación de los derechos humanos en Chile. El Gobierno lo rechazó categóricamente. ’Digamos que se trata de un cáncer, hay que tratarlo con quimioterapia, y a lo largo del camino habrá que matar células buenas y malas’, dijo en una rueda de prensa Enrique Bassaletti, jefe del Departamento de Policía de Santiago. Human Rights Watch intervino esta semana y recomendó reformar las prácticas de la fuerza policial chilena.

El miércoles pasado, Gatica se sometió a una segunda cirugía que finalmente logró sacar los perdigones alojados dentro de sus ojos. Fue dado de alta del hospital el martes. Los médicos confirmaron que quedó permanentemente ciego en ambos ojos. Su hermano, Enrique, dijo que Gatica ’se mantiene positivo, porque está muy seguro de que estaba luchando por algo justo’.

Vivo con mi familia en Puente Alto, en las afueras del sur de Santiago. El 19 de octubre, durante el segundo día de protestas en el país, las calles estaban repletas. Había una gran protesta planeada en la plaza de mi barrio, Plaza Puente Alto, así que me reuní con un amigo a las 18:00 y comenzamos a caminar hacia allí. La protesta se había extendido por toda la avenida y había una larga fila de personas caminando hacia el lugar.

Cuando llegué, la policía ya estaba allí. Estaban de pie y mirándonos en silencio. Me di cuenta de que había pocos y no tuve miedo, no pensé que algo pasaría.

Me paré frente a ellos y los miré directamente, y luego uno de ellos se salió de la línea y me disparó en el rostro. No había razón para hacerlo. Ni siquiera llevaba puesta una capucha. Mi cara estaba descubierta. Estábamos muy conmocionados. Habíamos estado en protestas antes y nunca habíamos visto a la policía usando esas armas. Como era el segundo día de protestas, mi caso fue uno de los primeros de trauma ocular. No sabíamos que podían disparar así y no emitieron ninguna advertencia.

Me caí, perdí el conocimiento y luego la gente me rodeó. Mientras intentaban ayudarme, la policía siguió disparando, y muchas personas que me ayudaron terminaron con perdigones en sus brazos y piernas. Comencé a caminar solo con la ayuda de mi amigo al centro de atención más cercano en Puente Alto (SAPU), que no contaba con recursos suficientes, así que me enviaron a otro hospital. Los hospitales estaban tan llenos en esos primeros días que no tenían ambulancias; acudí con mi madre en la camioneta de mi tío. Ese día se declaró el estado de emergencia.

El médico que me atendió dijo que mi cirugía fue una de las más largas y complicadas. No pudieron quitarme el perdigón hasta un mes después, en la tercera cirugía, que fue la semana pasada. Ahora tengo un dolor de cabeza constante, así que paso la mayor parte de mis días dormido, tratando de recuperarme. Intenté volver a la escuela de inmediato, pero no pude quedarme. Me sentía muy débil y no podía ver nada. Aún no me acostumbro a esto.

He dado algunas entrevistas en televisión. Me han estado molestando en las redes sociales; dicen cosas desagradables, como que estoy fingiendo o me lo merezco. Como ya no puedo asistir a las protestas, traté de responderles, pero ahora creo que es inútil. Mis amigos están en las calles ahora mismo, dicen que lo están haciendo por mí. Aprecio sus esfuerzos pero temo por ellos.

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