Colloqui

Ernesto Ortiz Diego


Los idus de marzo 2019

Los idus de marzo 2019




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Marzo 15, 2019 15:39 hrs.
Ciudad Nacional › México Ciudad de México
Ernesto Ortiz Diego › Emmanuel Ameth Noticias

¿Por qué Montesquieu? Con esta interrogación comenzaba Georges Benrekessa su libro La Liberté et la Histoire. El texto se ocupa de la importancia capital de un hombre y una obra. Louis Althusser, el filósofo comunista cuya vida se terminaría en un hospital siquiátrico, con una de las obras más descarnadas de un siglo de terribles agonías (L`avenir dure longstemp, suivi de les Faits) diría en otro de sus libros (Montesquieu, la Política y la Historia) estas palabras: "Es una verdad admitida que Montesquieu es el fundador de la Ciencia Política, Auguste Comte lo ha dicho, Durkheim lo ha repetido". Althusser, procedía, ideológicamente, de otro continente (y contenido) intentó, ensayó, mensurar aquellas afirmaciones rotundas. No obstante, arrancaba de esa consideración.

Voltaire, lapidario y univisceral, escribiría solo esta línea preciosa: "Francia había perdido sus títulos de nobleza; Montesquieu se los ha devuelto". Rousseau, en sus Confesiones, relata que se había enterado, estando lejos, que en el entierro de Montesquieu habían faltado los intelectuales, pero añade: "Ha estado presente Diderot que ha llenado todos los vacíos". Elogio de dos hombres extraordinarios.

"¿Por qué Montesquieu en este día de hoy y bajo mi pluma?" Es muy sencillo: el espectáculo arbitrario de las fuerzas políticas, desde arriba abajo, es decir, establecidas las dos en la fortaleza de un mismo absolutismo, invitan, sin duda, a recuperar a Montesquieu.

Contrariamente a la visión reduccionista de un Montesquieu atrapado, solamente en "la división de poderes" (o separación de poderes como garantía del estado de derecho) Montesquieu profundizaba, con una inmensa mirada analítica, los problemas de su siglo y... el nuestro.

En orden a los impuestos, Montesquieu llegaba bien lejos con su escalpelo. Decía que en los Estados despóticos, que buscan por otros caminos la opresión fiscal, la exigüidad de los impuestos estaba en estrecha relación con una libertad restringida. Decía que en estados gobernados por la moderación (quería decir exentos de la demagogia) los impuestos constituyen una variable inevitable en la formación de una sociedad. En suma, sin decirlo, lo digo yo porque está subyacente en su ideación, los impuestos hacen ciudadanos exigentes que delimitan y señalan las prioridades públicas. "Un pueblo dominante decía Montesquieu pensando en los atenienses y los romanos puede ignorar todo impuesto a los nacionales porque los imponían a las naciones que tenían sometidas".

Si existiera alguna duda de ello baste recordar que lo único que nos ha quedado en los manuales sobre la muerte de César (como si ya existieran los medios electrónicos para ocultar lo esencial por las apariencias) son las últimas palabras de Julio César a Bruto: Tu, quoque, mi fili , "También tú, hijo mío".

Se sabe menos que César, que como todos los poderes que no saben diferenciar entre lo público y lo privado (esa es una de las lecturas de Montesquieu), representaba una enorme fortuna acumulada desde la arbitrariedad del poder.

Por ello, después de la conmoción de su asesinato en los Idus de Marzo (la conspiración quedó apalabrada en la noche del 14 de marzo del año 44 antes de Cristo para el día siguiente) comenzó a plantearse, así nomás, en la descarnada ceremonia del adiós, es decir, en la misma vereda de los funerales grandiosos y la enumerada lista de los conspiradores, un tema muy pocas veces tratado: ¿qué dejaría al pueblo el César muerto por los puñales de los senadores el día 15 de marzo del año 44 antes de la era cristiana?

Hace unos días me han envían correos-e para preguntarme: ¿qué se yo de la conspiración para asesinar a Andrés Manuel López Obrador? Mi respuesta ha sido muy corta: no sé. Resulta que José Antonio Yépez ’El Marro’, líder del cartel Santa Rosa de Lima (Guanajuato), dedicado al tráfico de gasolina o Huachicol, ha amenazado asesinar al presidente Andrés Manuel. Espero que los Idus de Marzo no se repitan cuando asesinaron a Luis Donaldo Colosio, en Tijuana, Baja California, el 23 de marzo de 1994. Marx decía que la historia nunca se repite.

En las calles de Roma, en la cercanía del foro romano (Foro Julium) alguien entregó a César un escrito en el que se le anticipaba que se encaminaba a la muerte. Julio César nunca leyó el papel. ¿Cuándo los leen los poderosos si el propio Donald Trump dice, sin rubor, que no lee nunca los artículos, ya que encarga a otros que los lean para hacerle una síntesis y, añade, despreocupado, que "probablemente" los lean?

Así son la mayoría de los políticos guerrerenses, salvo una excepción que conozco, inclusive escribe como lo hacía su jefe José Francisco Ruiz Massieu; no leen, se informan por boletines y recorte de periódicos; la mejor información es el análisis políticos de coyuntura, para una mejor toma de decisiones, pero no se informan por medio del análisis, por eso Guerrero y la UAG está como están.

Julio César se encontró pronto con los aceros de 50 ó 60 hombres dispuestos. Valeroso y atlético midió sus fuerzas. Entendió que la resistencia era inútil. Se envolvió en su túnica y musitó el Tu, quoque, fili . Era el Idus de Marzo.

Se ha tardado siglos en arrebatar a los césares (incluidos tiranillos lamentables) la redistribución de los bienes desde su bolsa. La creación del Estado Bienestar, arrebatando los subsidios o los sestercios de mano del monarca, está estrechamente vinculado a la liquidación del "poder clientelar" sobre la vulgus improvidum , es decir, sobre la "multitud imprevisible" que pide y muerde porque no ha llegado a la edad adulta de los ciudadanos.


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