La Hoguera

Emmanuel Ameth


¿Hay o no hay recesión en México?

¿Hay o no hay recesión en México?




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Noviembre 27, 2019 02:35 hrs.
Economía Nacional › México Ciudad de México
Emmanuel Ameth › Emmanuel Ameth Noticias

Luego de que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) revisara las cifras del Producto Interno Bruto, diversos medios compartieron la noticia de que el país se encontraba en recesión.

Sin embargo, se está lejos de llegar a una recesión, toda vez que para ello, no sólo es necesaria una contracción económica, sino que de igual forma, es necesario que el consumo se reduzca así como observar la caída de empleos, entre otros factores; siendo que sólo se habría presentado la primera de las condiciones, tan sólo se trataría de una “recesión técnica”.

La recesión técnica se da con dos trimestres cuyo crecimiento sea negativo. En el caso de México, incluso se presentaron 3 de estos: el IVT de 2018 así como el I y II de 2019. Es así que efectivamente, hubo una recesión técnica en México que apenas se rompió el IIIT del año (tuvo un crecimiento de 0.0%).

Atendiendo la definición anterior, México no entró a una recesión técnica sino que salió de la misma, siempre que sean evaluados los trimestres de forma consecutiva.

Lo anterior lleva un problema: los trimestres de forma consecutiva no son equiparables entre sí porque el dinamismo de la economía fluctúa entre dichas temporadas; es por ello que cuando se analiza el comportamiento económico trimestral, suele hacerse con el mismo trimestre del ejercicio anterior.

En ese tenor, a México le falta un trimestre más a la baja -respecto el año anterior- para que se pueda considera en recesión técnica, aunque las proyecciones apuntan a un crecimiento marginal, es decir, que se libraría nuevamente la recesión técnica en los próximos meses.

Lo que existe en México es un estancamiento económico, lo que quiere decir que el dinamismo es muy poco como para crecer de forma significativa, provocando la desaceleración de los otros indicadores.

Al evaluarse el PIB en términos reales y no nominales -monetarios-, el crecimiento es tan poco que la inflación provoca que los bienes y servicios permanezcan casi iguales.

Añadir que en Economía, lo único seguro son los ciclos económicos, mismo que se encuentra en un periodo recesivo

Teniendo el correcto diagnóstico, hay que aplicar las soluciones correctas… sin embargo, no son soluciones de manual -aunque así lo aseguren algunos economistas- y conllevan diversos riesgos.

Analizando los ciclos económicos, nos encontramos que desde 2013, la Economía ya tenía síntomas de ir en picada; para evitarlo, se siguieron políticas anticíclicas para apaciguar/evitar la afectación, lo cual se consiguió. Se trató sin embargo, de un falso ciclo (a diferencia del de 2008-2009).

Las políticas anticíclicas sin embargo, tienen la característica de que evitan la contracción presente a cambio de sacrificar el dinamismo futuro: el mejor ejemplo de ello es la deuda para incrementar el gasto público: la mera inyección de capital puede evitar un periodo recesivo pero condena a que por el pago de la misma, los ciclos subsecuentes muestren pendientes con fluctuaciones cada vez menos pronunciadas, es decir, que hay mayor “estabilidad” pero con dinamismo mediocre.

En el caso de la política económica de AMLO, la subida de salarios y los programas sociales universales para sostener el consumo, mantienen más o menos constantes los valores agregados, pero es una política anticíclica, es decir, con dicha política se evita el impacto mediático de una recesión pero a cambio, se aleja la posibilidad de crecer a tasas aceleradas en el futuro inmediato.

A ello hay que agregar una política de no endeudamiento, misma que bien pudiera ser involuntaria -el costo financiero total anual de la deuda es de 750 mil millones, cerca de 3 puntos del PIB-, así como también, actualmente existen más restricciones a las reservas monetarias, mismas que aprovechadas exclusivamente en inversión, podrían generar mayores dividendos a la Economía.

Como se ve, el margen de maniobra de hecho es muy reducido, pues tampoco es opción privatizar para que una inyección temporal de capital desmantele la estructura económica del país a mediano y largo plazo. A ello hay que agregar que si bien los sectores terciario y primario arrojan ligeros crecimientos, el sector secundario muestra una tendencia contraccionista en diversos rubros, mismos que se acentúan con una reducción de demanda de los Estados Unidos.

Decir también que la alternativa de nacionalizar -ante el escepticismo de la IP para invertir- no es bien vista políticamente, aunque de hecho, es una de las mejores soluciones que se pueda tomar en sectores estratégicos.

El problema pues, no es el estancamiento de este momento, sino generar los incentivos suficientes para dinamizar una economía a la que le quedan pocas opciones, digna de un caso de estudio para estudiosos de la ciencia económica.

La “buena” noticia por otro lado es que se puede aprovechar este periodo para generar Desarrollo y disminuir la desigualdad, pues la Economía no se reduce a la mera estimación -o cálculo- del PIB: aún en el Periodo Estabilizador, mayor crecimiento del PIB nunca significó mejores condiciones de vida para el grueso de la población, pues los más desprotegidos siempre quedaron igual (a la fecha, la mitad de la población vive en pobreza y otra parte muy importante padece carencias).

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