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Enrique López Rivera


El presidente repudiado

El presidente repudiado




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Febrero 14, 2019 17:46 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
Enrique López Rivera › Emmanuel Ameth Noticias

Terminó el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, y como es natural, se vuelve imperativo realizar un balance de su administración. Dicho examen – a juicio de los niveles de aprobación – ha sido fuerte y claro por parte de la mayoría de mexicanos. Peña es sinónimo de corrupción, escándalos y de una larga lista de afrentas que no deben quedar en el olvido.
Para colmo y reflejo de su mal tino, deja el poder en manos de su peor adversario (Andrés Manuel López Obrador) y terminó por sepultar a su propio partido (PRI) en la peor catástrofe electoral que se tenga registro.
Pero lo anterior queda en el anecdotario político. Lo más grave es que el gobierno de Peña Nieto dejó una huella imborrable en el ámbito social: la corrupción. Y si bien, esa etiqueta no es exclusiva de los últimos seis años, es claro que durante este periodo encontró su máxima expresión (al menos en la opinión pública).
Para muchos mexicanos (casi el 80% según datos) la impopularidad de Peña Nieto se entiende por la corrupción. Pero no sólo eso, los casos de Tlataya (donde se encubrió al ejército porque había ejecutado a un grupo de presuntos delincuentes cuando ya se habían rendido); la tragedia de Ayotzinapa con un saldo de seis muertes y 43 desaparecidos (y una nación entera exigiendo justicia) y los escándalos de la denominada ’casa blanca’ y la fuga del Chapo Guzmán, terminó por sepultar la desgastada imagen presidencial.
Muy lejos quedó la eficiencia operativa del ’Pacto por México’, de las reformas estructurales y de la proyección de un (imaginario escenario) ’Mover a México’ hacia el desarrollo y la modernidad.
Peña, por tanto, termina su responsabilidad en una curva vergonzosa de desaprobación. En el peor de los mundos, el mandatario mexicano tocó la gloria al presentarse como el presidente reformador para convertirse muy pronto en la figura vilipendiada por sus improperios y deslices.
Las redes sociales y otras plataformas digitales, sirvieron para hacer escarnio de todos los hierros del que fuera visto (muy temprano en el sexenio) como una figura de ornato dominada por los intereses económicos y de grupo.
Peña también tiene una gran responsabilidad en cuanto a la conformación de un equipo de trabajo. Es probable que un presidente carezca de algunas habilidades para gobernar. Eso ocurre con frecuencia y hay muchos ejemplos de mandatarios carentes de liderazgo, carisma, legitimidad etc.
Pero lo que resulta imperdonable es que el presidente no conforme un buen equipo de trabajo. Desde un inicio, Peña Nieto tuvo que lidiar con dos grupos dentro de su gabinete. Eso tuvo un alto costo político. No se engranaron las piezas claves para tener esfuerzos conjuntos que buscaran el mismo fin.
Por el contrario, cada movimiento de un miembro del gabinete era interpretado como parte de una estrategia para ganar más espacios, más poder, más favores. Bajo ese esquema, hay quienes decidieron irse por ’la libre’.
Tal fue el caso del Secretario de Gobernación, Miguel Osorio, que lejos de ser el operador político de Peña fue el operador político de su propio destino político. Desde Burareli se fraguaron estrategias que solo tenían un propósito: dejar mal al presidente para que la luz se reflejara en la presencia del ex gobernador hidalguense.
Algo salió mal – o quizá demasiado bien – porque en este momento el escenario político pinta a un presidente Peña Nieto repudiado, a un nuevo presidente que carga con una pesada losa de expectativas y a otros despreocupados que ven desde gayola la función que está por comenzar.
Enrique López Rivera
lore750715@gmail.com
@2010_enrique

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