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Joan del Alcàzar


El movimiento feminista también debe estar presente en el terreno de la batalla política electoral

El movimiento feminista también debe estar presente en el terreno de la batalla política electoral




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Marzo 13, 2019 11:54 hrs.
Ciudad Nacional › México Ciudad de México
Joan del Alcàzar › Emmanuel Ameth Noticias

De nuevo el 8M ha sido, como en 2018, un éxito incontestable en las calles, y no sólo en las grandes ciudades. También en pueblos y ciudades menores ha habido un clamor reivindicativo. Es evidente que la idea feminista es tan transversal que moviliza a las diversas franjas de edad como ninguna otra; como lo es que el movimiento de las mujeres va mucho más allá de las etiquetas partidarias. Incluso es razonable pensar que, dado el volumen de la participación, también salieron a la calle mujeres y hombres que votan opciones conservadoras. Personas que, sin embargo, no aceptan el negacionismo de la extrema derecha [Vox], la impugnación a la totalidad de la derecha extrema [PP] y la manipulación de la derecha disfrazada [C ’s] para con la idea feminista.

Más allá de las mentiras, las falsificaciones y las manipulaciones que practican sin descanso neofascistas, reaccionarios y conservadores, el feminismo es una propuesta emancipadora que sintoniza más y mejor con las ideas de progreso y con la noble pasión por la igualdad que son consustanciales a la izquierda política, genéricamente hablando. El feminismo puede ser incluso una alternativa de vida, pero también debe cristalizar en leyes y en decisiones de gobierno.

Es por ello que un reto trascendental del movimiento feminista, que ha vuelto a evidenciar su inmensa vitalidad, es trasladar la demostración de fuerza de las calles a las urnas en las próximas citas electorales. Las mujeres y los hombres feministas ya saben lo que pueden esperar de gobiernos formados por PP, Ciudadanos y Vox, así que parece imprescindible derrotarlos en las urnas y cerrar su acceso al poder central, autonómico y local.

En cuanto a Vox, cabe decir que no esconde su posición ante la lucha por la igualdad que exigen las feministas; al contrario: hace alarde de sus ideas anacrónicas. Este es un punto central de su propuesta de sociedad: las mujeres en casa, esposas y madres de una familia católica, apostólica y romana. Se trata, como ha escrito Nuria Alabao, de un partido comandado por Santiago Abascal, ese personaje "armado y a caballo [que] encarna este hombre del pasado que ya no existe, pero lucha para continuar existiendo". Él y su España nostálgica de las rutas imperiales son propuestas de un pasado que no volverá, pero uno y otro pueden hacer mucho daño a la convivencia y a la resolución democrática de los conflictos de nuestra sociedad. Vox, al hablar de la "crisis de valores" que supuestamente nos afecta, y de "solucionar los múltiples problemas que asolan España", quiere hacer girar hacia atrás el reloj de la historia; no obstante, un inmenso obstáculo con el que tropieza es la propia existencia de lo que llama las feminazis. Quiere acabar con ellas, y por eso insulta, descalifica y amenaza cualquier persona o entidad contaminada por la doctrina que lucha por la igualdad entre las mujeres y los hombres, que se opone a la subordinación de las mujeres a su papel de reproductoras, de esposas y madres, pasivas y tuteladas por los padres y los maridos.

Contrariamente, tanto el PP como Ciudadanos hacen todo lo posible para aparecer como los inventores del feminismo a poco que los dejan. Claro que los líderes de estos dos partidos necesitan esforzarse en diferenciarse de la corriente mayoritaria en cuanto al concepto, y buscan redefinirlo añadiéndole adjetivos. Así, mientras que el PP, por boca de Pablo Casado, el súper líder que no necesita ninguna mujer que lo acompañe, habla de feminismo integrador; Albert Rivera, quien en este tema comparte cartel con Inés Arrimadas, habla de feminismo liberal.

Esto del feminismo integrador es la respuesta al -supuesto- feminismo disgregador que busca enfrentar los hombres y las mujeres, según la lectura que desde el PP se hace de la lucha feminista convencional y mayoritaria, aquella que se propicia desde los sectores progresistas de la sociedad. La visión de Pablo Casado, que como Vox también se niega a hablar de violencia de género, prefiriendo lo de violencia doméstica, arranca de una consideración del feminismo como el reverso de la moneda del machismo y, a partir de esta asimilación, si malo y rechazable es el machismo, en la misma medida lo es el feminismo.

Además, desde el PP se intenta identificar feminismo con radicalismo extremo, incluso con el comunismo, que es una etiqueta tan clara que su público menos sutil entiende con facilidad. Y es que el PP, dijo Casado, "está comprometido con la igualdad real y sin colectivismos". Colectivismo es -como se sabe- comunismo y es, sobre todo, abolición de la propiedad privada; es ateísmo, es materialismo, es abandono de los valores de la familia canónica cristiana y muchas otras cosas igualmente terribles para el pensamiento reaccionario. No es difícil conectar estas posiciones con las defendidas por los sectores más recalcitrantes de la Iglesia católica. Aquellos que, por ejemplo, representa el cardenal Cañizares, quien considera que hay que combatir la "ideología de género". Una ideología, señala, elaborada e impuesta por "fuerzas ocultas y no tan ocultas que planean un ’nuevo orden mundial’", el cual provocará la "destrucción humana".

El feminismo liberal de Ciudadanos es, a su vez, poco más que una etiqueta de marketing político, pero es a ella a la que se agarran los de Albert Rivera para buscar su espacio y, también, sus votantes. No hay más que ver el vídeo que el partido presentó con motivo del 8M. Una serie de mujeres profesionales realizan abdominales. Son jóvenes -todas ellas, sin excepción - y muy activas y atractivas. Con estas imágenes cubren un mensaje en off que denuncia salarios bajos o miedo a las agresiones, y que concluye así: "Este 8M no volverán a hablar en mi nombre. Nadie. Soy libre, soy feminista, soy liberal".

Ciudadanos -que ha publicado un Decálogo vertebrador de su posición, sostiene que "Hay espacio para un feminismo plural y abierto a todas las mujeres y hombres que no excluya a nadie en una lucha que nos afecta a todos", pero no habla en ningún caso de igualdad, que es consustancial al feminismo consecuente de las mujeres desde la Ilustración. Además, el partido de Rivera confunde deliberadamente ideología de género con perspectiva de género, por lo que toda la construcción que deriva de aquí está condicionada por la confusión. Si tenemos que hacer caso a Inés Arrimadas, su feminismo liberal es, más bien, una propuesta tan estrecha que va de la mano de la simple defensa genérica de la libertad individual, y que ella desarrolla cuando afirma que "mi feminismo es que nadie me diga cómo vestir, hablar o a quien votar".

Así pues, como escribió María Eugenia R. Palop, el publicitado Decálogo del partido naranja es la expresión clara y explícita de un feminismo acomodaticio, "profundamente conformista, que deja todo tal como está y que intenta invisibilizar, además, la lucha de las mujeres desde hace más de dos siglos. Un decálogo insultante que pretende dividir al movimiento de mujeres enfrentando a unas y otras, hablando de "guerra de sexos", tutelas y paternalismos, para invalidar la crítica y convertir nuestras diferencias en un campo de batalla".

Será necesario, por tanto, que las opciones de progreso que son sensibles y consecuentes con el feminismo, con la lucha de las mujeres, lo evidencien en sus programas electorales. Que asuman compromisos claros y explícitos de avanzar en el terreno de la igualdad efectiva -material e inmaterial- entre mujeres y hombres, en el de las libertades individuales de las mujeres y, también y de manera muy especial, en el de la lucha efectiva contra la violencia de género. Y será necesario que las organizaciones feministas vigilen y presionen para que aquellos compromisos cristalicen en la realidad cotidiana y cambien la vida de las personas, especialmente de las mujeres.

Es imprescindible, entonces, cerrar el paso a las formaciones políticas que son contrarias a estas ideas de progreso liberador e igualitario, así que el admirable movimiento feminista también deberá demostrar su fuerza en el terreno de la batalla política electoral.

http://www.colloqui.org/colloqui/2019/3/10/el-movimiento-feminista-tambin-deber-demostrar-su-fuerza-en-el-terreno-de-la-batalla-poltica-electoral

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